En cada barrio de la ciudad de La Plata, el 31 de diciembre se quema un gran muñeco.
Es fácil entender que con el fuego se van las porquerías y se festeja lo bueno del año que se va.
No tan fácil es pensar que ese fuego es también una imagen del tiempo: hermoso y fugaz, devorador y devorado, lucecita del alma pero también su infierno respectivo.
Pero eso sí: lo más difícil es imaginar qué piensa el maestro Nadie de esta costumbre platense. Sobre todo porque el tipo está en Brasil de vacaciones y no mantiene contacto alguno con su vasto alumnado (ni siquiera con los alcahuetes).
Lo importante es que, para no pensar más en ese viejo repulsivo y de paso rendirle un justo homenaje, sus alumnos armamos un muñeco con su figura sobre las vías de Tolosa, justo justo bajo el famoso puente.
Lo pusimos arriba de su bicicleta, a escala humana, pedaleando hacia el infinito.
Estaba tan bien hecho, tan bien hecho (mucha gente de esta escuela estudia además plástica y escenografía) que se nos fueron las ganas de quemarlo.
Pero lo miramos bien y recordamos tanto tanto al maestro que nos vinieron de nuevo las ganas.
Y tantas ganas de quemarlo teníamos que nos peleamos por ver quién lo encendía.
Y con la pelea nos distrajimos.
Y con la distracción pasó el tiempo, pasó el tiempo y
¡Pasó un tren!
Margarita nos empujó a todos afuera de las vías y nos salvamos, pero el tren se llevó la bicicleta con el maestro Nadie encima.
Cuando la vía quedó de nuevo sola, buscamos los pedazos en la oscuridad… cada uno encontró algo y se lo guardó.
¿Algo del muñeco del maestro con su bicicleta o algo del año mismo que se perdió con el tren?… no sé.
Lo que sí sé es que no sabíamos qué hacer,
Si alegrarnos por la desaparición del maestro y descorchar una sidra,
O bien: lamentarnos por la desaparición del maestro y descorchar una sidra.
Como no queríamos distraernos en nuevas discusiones, tomamos la sidra por las astas y la descorchamos con unanimidad.
Era una sola y no alcanzó para emborracharnos.
Pero enseguida nos acordamos de las cosas buenas de este año y nos emborrachamos de nostalgia
Y después nos acordamos de las cosas malas y nos emborrachamos de alivio.
Así pasamos la noche, bebiéndonos los recuerdos uno por uno.
(Era lo único que teníamos para beber: nuestros ahorros se fueron íntegros en el pasaje del maestro a Brasil)
A la mañana siguiente nos despertamos un poco aturdidos pero felices: ya no quedaba ni una gota de recuerdos en ninguna botella. Y como el año era nuevecito y las botellas vacías sólo sirven para meterles mensajes adentro, nos pusimos a pensar en el futuro.
Un futuro que está acá cerca, a un mes o dos de distancia. Digo: apenas vuelva el maestro Nadie de Brasil (si es que no se lo come una víbora de la selva o se cae del avión, como todos soñamos).
Hasta entonces: descansaremos todo lo que se pueda.
Una cosa más:
Para la gente inquieta: cada jueves Farco pone un programa de repaso en http://www.farco.org.ar/index.php/es/producciones/45-programas.html
Y además: tal vez quieran contestar estas preguntas:
¿Qué recuerdo del año o del maestro encontraron por ahí?
¿Qué se imaginan del futuro?
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Gracias por todo.
Los quiero mucho.
Martín
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